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Historias para ser contadas

Portada  |  07 agosto 2021

Historias para ser contadas: una recorrida por los cines de nuestra ciudad

El cine es ese medio que aún hoy nos permite vivir la épica de las grandes aventuras, y el reflejo de la realidad que nos define como humanos en todas nuestras variantes. Bahía Blanca no escapó a la magia de la pantallas.

El 25 de diciembre de 1895 comenzó la aventura del cine. Los hermanos Lumiere, con imágenes sencillas y, con a los ojos de hoy, inocentes, pusieron en marcha el medio que aún hoy nos permiten vivir la épica de las grandes aventuras, y el reflejo de la realidad que nos define como humanos en todas nuestras variantes.
Bahía Blanca no escapó al magia de la pantalla, aunque en las épocas pioneras, los cines como hoy los conocemos no eran tales, sino bares en los que se proyectaban imágenes en movimiento, en general, de carácter documental.

Recién en 1911, abrió sus puertas el Salón El Ateneo, en Alsina 35, la primera sala destinada específicamente a la proyección de películas. Posteriormente, fue remodelado y se llamó Cine Odeón… el primer cine Odeón.

Desde 1908, en O’Higgins 48, funcionó el bar Los Dos Chinos, cita obligada de las familias bahienses, que en 1925, con las instalación de butacas pasó a llamarse Splendid Theatre. En 1938 cambió su nombre y, ahora sí, fue el definitivo cine Odeón.

En Chiclana 227, en 1921, se inauguró La Marina, sala muy popular famosa por sus matinés infantiles. Contaba con 400 butacas y en sus fondos tenía….. una cancha de pelota a paleta!. Años después, en 1946, se construyó en ese lugar el cine Bahía. Allí también funcionaron el Atlantic y el Victoria.

En Rondeau 115 funcionó desde 1920 el Cine Colón, hasta que en 1929 fue adquirido por la congregación salesiana, pasando a llamarse desde 1962 Cine Teatro Don Bosco.

En 1932, luego de un remozamiento de su edificio, abrió sus puertas El Palacio del Cine, en Chiclana 174. Para la época, era uno de los edificios más atractivos de la ciudad, con su fachada art déco, que aún hoy se puede apreciar. Con 828 plateas, 360 butacas pullman y un elegante bar con 70 mesas de marmol, fue el primer complejo cinematográfico de la ciudad. En 1954 se instaló la primera pantalla panorámica, para el estreno de la película “El Pirata Hidalgo’’. La invitación a ver “Todos los días cine continuado” perdió vigencia el 24 de noviembre de 1981 cuando sus propietarios dispusieron su cierre. Reabrió hasta 1991 como Cine Candilejas, pero lejos del esplendor que lo caracterizaba.

El Rossini nació como teatro en 1929, y como cine en 1934, con el nombre de Gran cine Mitre, hasta que en 1945 retomó la denominación original. Se mantuvo en actividad en forma alternada hasta que en 1991 cerró definitivamente sus puertas para convertirse en un boliche bailable, actividad que se aún se mantiene.

La tradición de los cines en Bahía Blanca es extensa… tanto, que no alcanza con un solo informe.

Por eso, los invitamos al intervalo. A comprar caramelos y garrapiñadas, y a prepararse para la segunda función. Porque todavía, desde nuestra imaginaria butaca, hay más Historias para ser Contadas.

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