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Historias para ser contadas

Portada  |  20 agosto 2021

La Historia de los Cines de Bahía Blanca: segunda parte

Seguimos transitando desde el recuerdo la historia de algunos cines que hoy ya no están, pero forman parte de la memoria colectiva bahiense.

En 1.931 abrió “la sala del público selecto”, de acuerdo a una crónica de la época: El Cine Splendid. Estaba situado en Alsina 129 y tenía mil butacas. Con altibajos, se mantuvo en actividad hasta el 30 de diciembre de 1.971, con la proyección de “Verano del 42”. Seis meses después de su cierre, fue demolido borrándolo del paisaje urbano.

En Brown 162, funcionó el Cine Astral, desde el 10 de marzo de 1.937 hasta el 17 de diciembre de 1.967. Hoy, en ese lugar, funciona un bowling, pero su exterior aún recuerda la forma que tuvo la sala original.

El 12 de julio de 1.945, se inauguró una de las mejores salas con las que contó Bahía Blanca: El Cine Ocean, en Chiclana 250. Tenía 2.100 butacas, calefacción y proyectores muy modernos. Era un edificio imponente, con una gran similitud a las grande salas de la Capital Federal. En 1.956 se instaló el Cinemascope, siendo la primera sala bahiense en contar con este adelanto técnico, junto a sonido estéreo y parlantes direccionales. Dijo adiós el 31 de julio de 1.991 para dar lugar a la apertura del Bingo.

La única de las grande salas que aún perdura, es la del cine Plaza, un proyecto de don Samuel Scheines, diseñado por el arquitecto Raúl Costa Varsi y construido por José Scognamiglio. La primera proyección se realizó en 20 de septiembre de 1.965 y fue la cita obligada de quienes, con tiempo libre, paseaban por la Galería Plaza y destinaban un tiempo a ver las películas éxito del momento.

El cine Gloria tuvo una actividad breve, desde 1.954 hasta 1.967, en Chiclana 183, en el mismo lugar donde anteriormente funcionó el Cine Rialto. Durante su primera etapa exhibió exclusivamente películas de origen hispano, por lo que se lo conoció como “El Templo del cine español”.

Quedan muchas pantallas por recordar: la del 5 esquinas de Villa Mitre, el Unión Ferroviaria de Almafuerte al 600, el Voglino de General Cerri, que aún existe por lo menos para hacer una visita nostálgica, el Jockey Club de White, hoy totalmente en ruinas… y muchos más.

En pleno siglo XXI, cuando se puede acceder a los estrenos a través de otros medios, la pasión por el cine aún está vigente, yendo al shopping, o avalando con nuestra presencia el esfuerzo enorme que sigue haciendo la familia Amodeo, dedicada desde hace tres generaciones a mantener la magia que representó durante años la ceremonia de ir a ver una película. Vestirnos con las mejores galas, nutrir nuestros bolsillos de caramelos y disponernos a ser parte de la aventura que los fotogramas plasmaban en la pantalla. Y disfrutar. Porque, al fin y al cabo, para eso uno va al cine.

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