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Portada  |  28 septiembre 2019

A 15 años de la masacre de Patagones

Habían pasado pocos minutos de las 7.30 de la mañana de aquel 28 de septiembre de 2004. Rafael Junior Solich, llegó a la escuela con un objetivo bien claro, dispararles a sus compañeros con un arma 9 milímetros que le había robado a su padre, Sub Oficial de la Prefectura.

Según le contó a la jueza, Junior ya había premeditado el ataque, estaba enojado con sus compañeros de escuela porque siempre lo molestaban. 

Después de izar la bandera, durante el comienzo de un nuevo día de clases en el Colegio "Islas Malvinas" de Patagones, todos los alumnos se dirigieron a las aulas. Junior, caminó por los pasillos de la escuela junto a sus compañeros y, al llegar al aula, se paro frente a todos. "Nos hizo callar a todos y dijo, esto va a ser un buen día y empezó a gatillar", comentó uno de los alumnos testigos. 

Después de vaciar el cargador de la 9 milímetros dentro del aula, Junior salió hacia el pasillo, puso un nuevo cargador y efectuó un nuevo disparo contra el kiosquero de la escuela, aunque no logró herirlo.

Dante, uno de sus amigos, alcanzó a sacarle el arma y así lograron detenerlo y ponerle fin a la masacre. 

Fueron muy pocos minutos, pero bastaron para cambiar la historia de una localidad para siempre. Las balas del arma de Junior alcanzaron a ocho de sus compañeros, tres de ellos perdieron la vida: Sandra Núñez, Evangelina Miranda y Federico Ponce. Otros cinco lograron sobrevivir, Natalia Salomón, Nicolás Leonardi, Cintia Casasola, Rodrigo Torres y Pablo Saldías Kloster. 

Dos años después de la tragedia, los propios compañeros de Federico, Evangelina y Sandra, decidieron dejar una placa para recordarlos, con una frase que aún hoy conmociona: “En un día gris, la estridente mañana se llevó tres ángeles, nadie se acostumbra a vivir sin su compañía”. 

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