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Portada  |  05 junio 2020

Dos pastores cumplen 60 años de una historia "inoxidable", llena de milagros y al servicio de la fe

Sonia Erice y Heriberto Arteaga, quienes hoy poseen la Iglesia Libertad Misión Internacional Pentecostal y están a punto de cumplir Bodas de Diamante, hablaron con Telefe Noticias para mostrar sus vivencias, relatos asombrosos, y su vocación por el evangelio en épocas de pandemia.

Hay frases de uso cotidiano como “la fe mueve montañas” o “el amor todo lo puede” que suelen pronunciarse con tanta recurrencia y asiduidad que hacen perder de vista el poder de su significado, un sentido que un matrimonio de pastores evangélicos chilenos, a punto de cumplir 60 años juntos, se encargan de renovar cada día al servicio del Ministerio.

Heriberto nació en 1942 en Valdivia, una ciudad que se encuentra a más de 800 kilómetros al sur de Santiago, la capital chilena. Ya desde una incipiente edad se dedicó por cuenta propia a la construcción y con su familia se mudó a Neuquén.

Sonia abrió su paso por el mundo en el año 1945, en Temuco, una localidad ubicada en la parte central del país vecino. Por decisión de sus padres, el núcleo familiar también se trasladó hacia la provincia patagónica.

Ambos contrajeron nupcias en Neuquén en 1960, cuando los entonces adolescentes tenían 18 y 15 años respectivamente, sin saber que atravesarían un largo sendero plagado de rosas, algunas espinas dolorosas, hechos milagrosos, y una convicción inoxidable por el evangelio.

A pocos días de celebrar sus bodas de diamante, los pastores dedicaron su tiempo a Telefe Noticias para reflejar algunas de sus vivencias en estos casi 60 años que llevan de la mano.

“Con Heriberto hemos estado juntos toda una vida. Después de casarnos, vivimos un tiempo en Neuquén, luego en General Roca y después nos vinimos a Bahía, en donde ya hace como 50 años que estamos acá”, dijo Sonia.

LAS DURAS PRUEBAS DE LA VIDA

Los religiosos fueron padres de 13 hijos, de los cuales siete fallecieron en distintas circunstancias dramáticas y otros seis hoy están vivos con diferentes realidades. La presencia de Dios, como ellos insistieron a cada instante del reportaje, “fue muy fuerte” para poder sobrellevar un dolor, tan inexplicable como antinatural.

“Tuvimos un accidente con un camión acoplado donde fallecieron cuatro en un día, en el Puente de Pigüé, el 21 de septiembre de 1974. Se me murieron dos nenas y dos nenes, y nosotros habíamos estado en Carhué porque se había muerto también un hermano de Heriberto que estaba enfermo”, explicó la pastora.

En la camioneta también viajaban en la parte de la cabina la madre de Sonia y otra hija, quienes lograron salvarse del siniestro.

Esa fue una prueba muy triste y grande que pasamos y nos tuvimos que aferrar mucho a Dios para poder pasarla porque no es fácil perder a cuatro niños en un día y tan chiquitos (uno tenía 4 añitos, otro 6, una nena de 9 y la otra iba a cumplir 15). Él es tan grande que, a pesar de que pasen esas cosas, también nos permitió la salida para que podamos soportar”, contó.

El dolor invadió al matrimonio, la sensación de pérdida se potenció y el vacío poco a poco amenazaba con destruir sus lazos. En ese tiempo, también perdieron a una bebé de un año afectado por sarampión, a otra pequeña de tres meses que “nació con el corazoncito mal formado”, y una hija más por la pérdida instantánea de un embarazo.

Sin embargo y apelando a una analogía con las características de la caña de bambú, el paso de la impiadosa tormenta y las fuertes ráfagas del temporal no lograron quebrar su fe. Sino que la incrementó a límites insospechados, los dotó de mayor sabiduría y los volvió cada vez más devotos del espíritu santo,

“Cuando se nos dio todo eso, todavía mi corazón no estaba entregado a Dios, y él fue un gran escape que sacó nuestras vidas del pantano. A veces pasa que estás en un pozo, manoteas y no sabés cómo salir, por eso es importante creer. Él sana, libera y consuela”, argumentó Sonia.

Heriberto, quien irrumpió en la charla, acotó que en aquella oportunidad ya ejercían el ministerio pastoral en Carhué donde estuvieron más de tres años y montaron una iglesia. Las dramáticas circunstancias derivaron en un obligado regreso a nuestra ciudad.

“No pudimos soportar más, especialmente mi señora porque llegábamos a la casa y se encontraba vacía”, resumió el religioso.

SUS INICIOS EN LA IGLESIA

“Nosotros nos vinimos de Neuquén. Mi vida allá y en ese tiempo era otra vida, muy mundana. Yo no servía mucho a Dios, pero él hizo una obra muy grande en mi vida, y tuve que cambiar de ambiente para no ir por otro camino”, relató Heriberto.

El matrimonio de pastores arribó a Bahía Blanca en el año 1969, luego de residir en la localidad de Carhué. Aquí fueron recibidos por el pastor Cavallaro en un templo ubicado en la calle Rojas.

Cuando falleció el líder religioso, la iglesia que congregaba a un número aproximado de 500 feligreses se dividió en dos partes. Ese instante marcaría un nuevo inicio para la misión de ambos.

“Nosotros nos fuimos, nos quedamos en casa, ahí en calle Charcas al 1.200 y comenzamos a organizar reuniones. Heriberto al fondo del terreno construyó un salón de 10 x 7 metros y ahí levantamos de nuevo al templo. Hicimos los papeles de la personería jurídica, la firma registrada y teníamos toda la documentación al día”, recordó Sonia.

EL DESEMBARCO EN EUROPA

A principios del año 2000, Heriberto y Sonia viajaron a probar suerte a España, más precisamente a Granollers, una ciudad ubicada a 30 kilómetros de Barcelona. Allí intentaron predicar el evangelio y lograron tener su propio templo, a pesar de que instalar un recinto de culto religioso “es mucho más difícil que acá”.

“Nosotros estuvimos once años allá donde tenemos cinco hijos. Tengo dos hijos empresarios, y dos mujeres, una que está casada con un español y la otra también, pero quedó viuda hace tres años. En Argentina sólo tengo a Juan que está conmigo”, puntualizó la pastora.

Los pastores destacaron que, aunque los españoles “son bastantes reacios a las iglesias” eso no fue un motivo suficiente para cesar en la misión de promover la palabra del espíritu santo a través de la biblia.

“Alquilábamos una pieza en un hotel donde hacíamos las reuniones, dos veces por semana, viernes y domingo. La gente que se congregaba era más sudamericana que española porque acá se practica mucho el evangelio”, subrayó Sonia.

La religiosa mencionó que una buena parte de la comunidad ibérica sólo acude a la iglesia católica “cuando hay bautismos o una ceremonia de casamiento”, y tienen predilección por la santería.

“El español es muy santero y para ellos Dios es el bolsillo. Su pensamiento es: ‘Yo me enfermo y mi bolsillo me da la plata para ir al mejor médico’, están muy equivocados”, sentenció.

EL MILAGRO DE VIVIR

Desde el momento que los caminos de los pastores se entrelazaron en la cruzada de fe, varias páginas del libro de sus vidas se escribieron con tinta milagrosa y capítulos de enseñanza. En un alto de la entrevista y por pedido expreso de ellos mismos, aclararon que los milagros no son de las personas “sino Dios obrando a través de ellas”.

“Había un chico que nos trajeron los padres desesperados del hospital, a las 12 de la noche a la iglesia en Carhué. Llegó muerto, pusimos las manos sobre él, oramos mucho, le pedimos a Dios que devuelva su vida y el niño pegó un grito espantoso y volvió a la vida”, describió Sonia.

La religiosa remarcó que el pequeño había sido llevado al nosocomio donde “lo dieron por fallecido” y sus progenitores, en esa desesperación lógica por salvar a un hijo, recurrieron al terreno espiritual como última alternativa.

“Estando en España, llegó una señora de Paraguay que era pastora y quería que oremos por su hermana que estaba en Suiza, que estaba muy mal por un cáncer en la sangre”, recordó.

Y agregó: “En una reunión el pastor oró levantó sus manos e hizo un ungimiento por fe para Suiza. Con el poder de la oración la señora se sanó. La mujer vino con nosotros a casa, porque no tenía donde quedarse, a la mañana llamó al sobrino que estaba con su hermana, y ahí tuvo la enorme noticia”.

Heriberto interrumpió el relato de su mujer para confesar que Dios le mostró una visión de “cuando empezó a limpiar a esa persona”

“Eran como unas manos blancas, que en este mundo no hay, pasaban sobre el cuerpo de esa mujer que estaba muy mal. Los doctores no tenían esperanzas”, detalló el pastor.

En ejercicio del ministerio pastoral en Bahía Blanca, los pastores también fueron partícipes y testigos privilegiados de la obra celestial.

“Cuando nosotros empezamos con el templo acá, nos llamó un pastor que trabajaba en la Base Militar de Punta Alta. Estaba postrado en la cama, afectado por un cáncer de páncreas. No se podía parar, nos llamaron y fuimos. Ese hombre era puro hueso”, dijo Heriberto.

Y añadió: “Nos trajeron al hombre al lugar en donde estábamos. Empezamos a orar, a ungirlo y esa persona empezó a transpirar mucho y con el tiempo se fue la enfermedad. Él médico no podía entender que esté vivo con el cuadro que tenía. Esas son obras que sólo las hace el señor”.

En la continuidad de sus palabras, el pastor recordó otro episodio revelador ocurrido hace poco tiempo “con una persona que estaba muy enferma y sin esperanzas de vida”.

“Tuve que ir a la casa de una mujer, tenía un problema intestinal que la hacía ir al baño 10 veces por día, estaba muy flaquita y con remedios que no le hacían nada. Oramos por ella porque tampoco podía mover las piernas, estaba como atada. Al rato, por obra de Dios, empezó a mover las piernas, se levantó enseguida. Se hizo los estudios que corroboraron que estaba sana y empezaron a venir a la iglesia”, describió Heriberto.

EXPERIENCIAS CERCANAS CON EL MÁS ALLÁ

Heriberto, además de cultivar su pasión por el evangelio, toda su vida siempre estuvo emparentada con el rubro de la construcción. En su rol de obrero experimentó accidentes que pusieron seriamente en riesgo su estadía en este mundo, pero también halló sentidos místicos en los mismos.

“En el año 59, tenía 17 años, yo venía de Zapala, arriba de un camión que venía cargado con tablones, maderas. Eran como a las cuatro de la mañana, se durmió el chofer y se volcó el camión, quedando aplastados nosotros”, contó.

Y continuó: “Fue una obra muy grande porque nadie puede pensar que terminé vivo tras estar debajo de esas toneladas de maderas. A mi compañero lo sacaron muerto y yo estaba ensangrentado, con mi columna rota, perdí los dientes, pero mientras estuve aplastado no perdí el conocimiento y vi a un personaje al lado, vestido de blanco como si fuera una especie de ángel, que me cuidó hasta que me sacaron”.

El pastor recalcó que presenció una “visión del cielo” en la que sintió “mucha paz y no quería volver”. No obstante, y aunque admitió que no quería regresar de ese instante eterno, consideró que tenía otra oportunidad de vivir “porque Dios tenía otro plan” para su vida.

“Me sacaron, me dieron por muerto y como a las nueve de la mañana desperté. Para los médicos tenía que haber estado postrado en una silla de ruedas”, exclamó.

Sonia para no ser menos que su marido, también quiso compartir su experiencia reciente con una asombrosa recuperación de un infarto.

“Me sentía mal y no sabía que era lo que me pasaba. Me dolía la cabeza, la espalda, el pecho y entonces fui al hospital con la presión muy alta y enseguida me internaron en Terapia. Me hicieron un cateterismo y salió que las arterias coronarias estaban sanas, no hubo lesión. El médico me dijo que tuve suerte porque se podría haber dañado una arteria. Al otro día me dieron el alta porque me vieron bien y para evitar los virus que circulan en el hospital”, expresó.

Heriberto mencionó otro accidente impactante, en momentos que su fe atravesaba una crisis y decidió viajar a España “porque ya no quería ser más pastor”.

“No quería tener esa responsabilidad que él me había encomendado. Dios es amor, pero también es fuego consumidor, y por eso en el 2010 yo estaba trabajando a 20 metros de altura y se vino el montacargas abajo en Granollers. Fue muy grave lo que pasó, para los médicos estaba fallecido, pero por fortuna pude vivir”, aclaró. Al tiempo que entendió que el justificativo de lo sucedido respondió a la “desobediencia de abandonar la misión”

Después de eso, decidí con mis hijos y mi esposa volver a la Argentina, porque Dios me decía que tenía que volver al país a continuar con la obra. Conseguimos gracias a él unos terrenos, y uno de esos los donamos para construir la actual iglesia que hoy tenemos, en la esquina de Bermúdez y Rawson”, indicó.

UNA VISIÓN DE LA PANDEMIA: LA BATALLA ENTRE EL BIEN Y MAL

Consultados de una reflexión sobre la coyuntura actual con la pandemia al acecho de las libertades y los sueños de las personas, los pastores no dudaron en afirmar que se “trata de una alerta para los que no creen en el señor”, que es algo que “ya está escrito y forma parte de su plan” que está anunciado en el Salmo 91 de la sagrada escritura.

“Hay una parte de voluntad de Dios para que la gente se arrepienta de sus pecados, y yo creo que el mundo está invadido por una potestad satánica que está trayendo dolor. Si se está con Dios, nada hay que temer”, sostuvo la pastora Sonia.

Heriberto coincidió con su mujer y agregó que esta es una gran oportunidad para efectuar balances y mirar “como está nuestra vida delante de nuestro salvador”. En este marco, mencionó que “cualquier plaga que venga no nos tocará” si se honra su presencia.

“Ahora hay como un descontrol, una vida distinta a la que teníamos, y ahora estamos sometidos a un nuevo régimen donde hay que mostrar documento y pedir permiso para todo”, destacó la religiosa.

En tal sentido, Sonia reconoció que extraña las congregaciones y en estos momentos reciben muchas consultas de los feligreses, sobre cómo y cuándo podrían habilitarse de nuevo las reuniones de culto en la iglesia Libertad Misión Internacional Pentecostal.

“Mientras tanto estamos predicando por Facebook los días martes, viernes y domingo a las siete de la tarde. También tenemos un programa en radio Génesis para predicar dos horas, de 13 a 15 horas, donde nos llaman de Chile, de España, de muchos lados para escuchar la palabra”, detalló.

Los pastores recomendaron, casi al unísono, que la gente en este periodo “busque al señor porque los están en sus manos no van a perecer”.

“Van a venir más cosas. Fuera de él no hay nada porque el mundo como lo conocemos va a pasar”, concluyó la pastora.

NICOLÁS PRAT

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